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Autor: Dr. Leonardo J. Glikin
Dr. Leonardo J. Glikin Abogado, consultor en Planificación Patrimonial y Sucesoria, presidente de CAPS Asociación Civil, autor de "Pensar la Herencia"; "Matrimonio y Patrimonio"; "Exiting, el arte de dejar la empresa sin dejar la vida" y "Los hermanos en la empresa de familia". Director del newsletter "Temas de Planificación”. Director de CAPS Consultores. www.leonardoglikin.com.ar
Lo que damos a nuestros hijos
Temas de Planificación nº130
La decisión de brindar bienes materiales a los hijos suscita algunas preguntas. Contestarlas adecuadamente, es un aporte para la mejor relación familiar.

Los padres no sólo dan amor a sus hijos: también les brindan aportes materiales, que van cambiando a lo largo de la vida, desde el cumplimiento estricto de la obligación alimentaria (que comprende todas las necesidades de la crianza) hacia esos aportes extraordinarios que mejoran la calidad material de la vida de los hijos.
Vale la pena reflexionar respecto de esos aportes en bienes materiales (un auto, una casa, una cantidad de dinero significativa; quizás, una participación en una sociedad).
Cuanto más claras estén las características de ese dar, menores serán los riesgos de malos entendidos, o de cortocircuitos en las relaciones familiares.

PRIMERA PREGUNTA: ¿Qué damos?
Todos conocemos el adagio: “no des pescado, enseña a pescar”.
Cabe preguntarse: ¿lo que damos a nuestros hijos ayuda a su desarrollo personal?
O, por el contrario, eso que les damos los deja satisfechos, pero, al mismo tiempo, es una manera de coartar su vocación de crecimiento.
Hay padres que, porque fueron muy exitosos en su vida laboral, donan bienes tan valiosos, que cortan todo incentivo en sus hijos, por procurarse una mejor situación económica.
Sin embargo, no todo es desarrollo económico. También hay que poner el eje en el desarrollo personal. Si los hijos pueden establecer un proyecto (no necesariamente con significación económica) que les permita ser felices, y cumplir una misión valiosa en la vida, el éxito económico puede resultar secundario, o incluso innecesario.
Si, por el contrario, el aporte material es como una droga, que adormece a los hijos y les quita incentivos para el desarrollo personal, lo que quizás se entrega con amor termina cumpliendo una función negativa en la vida de los hijos.

2.- ¿Por qué damos?
Hay diferentes motivaciones para dar:
• Satisfacer una necesidad o un deseo de algún hijo.
• Ganar una mayor cercanía de algún hijo.
• Compensar, a través de nuestros hijos, algunas privaciones que hemos sufrido.
• Competir con otra persona (hermano, ex cónyuge, etc) en cuanto a generosidad.


3.- ¿Para qué damos?
• Para ver felices a nuestros hijos.
• Para reasegurarnos un trato recíproco en nuestra vejez.
• Para cumplir un mandato familiar.
• Para cambiar una historia familiar.

4.- ¿Cómo damos?
Hay diferentes maneras de dar.
El Código Civil consagra, en principio, la pauta de igualdad: todos los hijos deben recibir lo mismo, salvo el derecho que tienen los padres de disponer libremente (puede ser a favor de alguno de los hijos o de un tercero) del 20 % del patrimonio.
Este principio legal se pone en funcionamiento al momento del fallecimiento del padre/madre, pero no prohíbe, de ninguna manera, que a lo largo de la vida se vayan haciendo entregas de dinero o de bienes materiales de manera asincrónica, o sea, que en algún momento alguno de los hijos pueda recibir más que los otros, y que esto se vaya compensando a lo largo del tiempo.
Con este concepto de las entregas asincrónicas se supera la restricción de que en un momento determinado el padre no tenga la capacidad económica necesaria para darles a todos los hijos por igual.
Por lo tanto, instaurar el criterio de que primero puede recibir uno, y luego pueden recibir los otros, es una manera de superar esa restricción.
Hay casos en los cuales el concepto de igualdad termina generando situaciones injustas, o de riesgo para algún miembro de la familia. Por ejemplo, si hay un hijo con discapacidad, que quizás requiera una mayor disponibilidad económica para atender sus necesidades en el futuro.
O, cuando se trata de hijos con mucha diferencia de edad, si la situación económica de los padres ha sido muy diferente al momento en que cada uno de ellos fue criado y educado: quizás, algunos han tenido acceso a una educación marcadamente superior que otros, y esto debería ser compensado a lo largo del tiempo.
También es posible, en el caso de hijos de diferentes matrimonios de un mismo padre, que algunos tengan un reaseguro económico proveniente de la familia del otro progenitor, y otros, por el contrario, tengan la obligación de hacerse cargo de un progenitor sin recursos económicos.
Todas estas situaciones excepcionales deben contemplarse desde el concepto de la equidad, que consiste en generar equilibrio y armonía entre situaciones originariamente desiguales. Así, dar a cada uno de los cuatro hijos una cantidad de dinero igual, responde a una pauta de igualdad. En cambio, dar más a aquel hijo que tiene dificultades para ganar su sustento, porque tiene una discapacidad, significa utilizar una pauta de equidad.
Nuestro sistema legal brinda márgenes pequeños para ejercer la equidad. Sin embargo, a través del consenso familiar es posible llegar a acuerdos duraderos, basados en soluciones que resulten legítimas, en función de los valores familiares que se decide proteger.

Nuestra responsabilidad como heredantes
Por nuestra condición de mortales todos, alguna vez, seremos heredados. Por esa razón somos heredantes y como tales, podemos decidir que mantendremos en nuestro poder la totalidad de nuestro patrimonio hasta el fin de nuestra vida, o, por el contrario, podemos hacer adelantos (parciales o totales) de nuestro patrimonio.
En cualquier caso, seamos capaces de pensar proactivamente, para que cada uno de nuestros aportes a nuestros hijos pueda tener la mejor significación, y sea realizado de una manera que ayude a su crecimiento personal y a la unidad familiar.

Si le interesa profundizar el conocimiento del tema, puede leer Pensar la herencia, del mismo autor.

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