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Temas 141
Por: Leonardo J. Glikin*

¿QUIÉN LE TEME AL PROTOCOLO FAMILIAR?

En los últimos años, gracias a una intensa labor de difusión, el protocolo familiar se viene afianzando como un mecanismo idóneo para organizar a la familia empresaria, establecer acuerdos de larga duración y evitar conflictos. En este artículo analizaremos cuáles son las resistencias que genera el protocolo, y por qué.

¿Qué es el protocolo empresario familiar?

Para poder considerar los temores y las resistencias que genera el Protocolo es necesario, antes que nada, definir con claridad a qué nos referimos cuando hablamos de “protocolo empresario-familiar”.

Básicamente, es un acuerdo con valor legal, pero fundamentalmente moral, que permite a las actuales generaciones
de una familia empresaria llegar a grandes acuerdos en materia de:
 
la planificación estratégica de los negocios familiares;
los modos de participación familiar en el trabajo;
los dispositivos de dirección de la empresa;
el régimen de propiedad, actual y futuro;
los mecanismos para prevenir y resolver conflictos;
los ámbitos de autonomía y de interdependencia entre empresa y familia

El valor legal del protocolo

Frente a la pregunta respecto del valor legal del protocolo, afirmamos contundentemente que el artículo 1010 del nuevo Código Civil y Comercial ha removido uno de los grandes escollos, que era la prohibición de todo pacto sobre herencia futura.

Actualmente, a través del nuevo Código, esos pactos están permitidos, cuando tienen por función asegurar la unidad de gestión y evitar conflictos en una organización empresarial.
El valor moral del protocolo

Igualmente, no estaría de más responder con otra pregunta: “¿tienen valor legal los Diez Mandamientos?”.

Esa segunda pregunta nos ubica, realmente, en el problema que debemos resolver: porque al empresario no le interesa ganar un juicio, en caso de conflicto con un miembro de la familia, sino encontrar los mecanismos adecuados para evitar o resolver el conflicto, con el menor costo posible, dado que esa es la manera efectiva de proteger a la empresa.

Por lo tanto, si a su actual valor legal agregamos el valor legal que tiene el protocolo, por recoger los acuerdos entre los integrantes de la familia empresaria, podremos concluir que es un instrumento valiosísimo, en función de la perdurabilidad y fortalecimiento de la empresa a lo largo del tiempo.

¿Quién le teme al protocolo?

Antes que nada, se teme a lo que no se conoce.

Hace ya una década, el excelente trabajo de organización y armonización que veníamos realizando con una empresa multifamiliar (compuesta por los integrantes de la segunda generación de las familias de los tres fundadores) finalizó abruptamente cuando el Presidente de la empresa conoció a un distinguido profesor universitario de Derecho Comercial, quien le dijo con toda severidad que el Protocolo no tenía ningún valor legal, y que era solamente un catálogo de buenas intenciones.

Más allá de que nunca fue así, lo cierto es que una palabra de supuesta autoridad alteró todo un plan de trabajo.

Pero esa supuesta autoridad estaba basada en el desconocimiento más absoluto del protocolo, instrumento que, por entonces, no formaba parte de los programas de formación universitaria.

Por lo tanto, podemos afirmar que, naturalmente, aquel profesional que desconoce el Protocolo porque no tuvo la oportunidad de estudiarlo o de experimentarlo, seguramente va a expresar algún temor frente a lo desconocido, y alguna resistencia frente a lo que no ha sido parte de su campo de formación.

Algunos temen un cambio en el statu quo

Algunos miembros de la familia empresaria están muy cómodos en su actual lugar en la empresa. Y no ven ningún incentivo para revisar los roles, o las prácticas de dirección, de relación con la familia, de vinculación con funcionarios de la empresa no familiares, etc.

Para ellos, la propuesta de realizar un Protocolo significa tener que revisar, y quizás modificar, prácticas históricas con las que se sienten cómodos, y seguramente favorecidos.

Por lo tanto, en muchos casos, se prioriza la zona de comodidad, la tradición, frente a la posibilidad de un cambio, aunque éste pudiera traer aparejadas mejoras en las relaciones personales y en las prácticas empresariales.

Para algunos, el proceso del protocolo significa abrir una caja negra

El Protocolo comienza con un diagnóstico, que supone que un consultor externo tenga un diálogo confidencial con cada uno de los integrantes de la familia empresaria.

Ello significa, por un lado, tener que contar la propia historia y las propias vivencias, considerando la conversación individual de cada uno.

Pero también significa la posibilidad de ser observado por un tercero, quien, a su vez, y de manera reservada, recibe comentarios de otros miembros de la familia empresaria.

El riesgo de no ser aprobado, de que haya críticas a la propia actividad, es muchas veces un factor de tensión, que deriva en la oposición de algún integrante de la familia empresaria para seguir adelante.

Para otros, el protocolo puede significar un cambio en las relaciones de poder

Quien ha ejercido el poder en la empresa de manera solitaria, sospecha que a partir del Protocolo eso habrá de cambiar. Que se instaurarán formas más participativas, y que será necesario recorrer cierto camino para la toma de decisiones.

Y, probablemente, quien está acostumbrado a la total autonomía, sin dar explicaciones a nadie, puede sentir este cambio como una experiencia negativa, una amenaza frente a prácticas muy establecidas.

Sobreponerse a los temores, para una empresa más fuerte y una familia más unida

Quedarse aferrado a los temores es una manera de no crecer.

Pero el mundo sigue avanzando, la competencia se sigue desarrollando, y el tiempo pasa para todos, lo que significa, muchas veces, perder oportunidades extraordinarias para acercar a los integrantes de la familia, y fortalecer la empresa.

Reconocer los temores, poder llevarlos a la mesa, pedir ayuda para superarlos, son conductas que demuestran madurez, y un verdadero compromiso con la empresa y la familia.

*El autor es abogado, consultor en Planificación Patrimonial y Sucesoria en empresa y familia y conferencista internacional. Dirige CAPS Consultores".


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