SUSCRIBASE
Reciba mensualmente
“Temas de Planificación”
(por mail, sin cargo)

« VOLVER al inicio
Temas 141
Por: Consejo argentino de Planificación Sucesoria - Asociación Civil

PAREJA Y HERENCIA

Una gran proporción de argentinos cree – equivocadamente – que determinada cantidad de años de convivencia otorga derechos hereditarios.
En este artículo explicamos qué establece el Código Civil y Comercial. Estar bien informados evita sufrimientos irreparables.

Si algo diferencia actualmente al matrimonio de la convivencia, es que las personas casadas tienen derecho a la “legítima hereditaria”, es decir que, al fallecer uno de los cónyuges, el otro tiene un derecho incuestionable a recibir una parte del patrimonio de la persona fallecida.  

En la práctica, esto funciona de la siguiente manera:

1.-  Regímenes de bienes en el matrimonio

Actualmente, el matrimonio puede regirse por alguno de los siguientes regímenes matrimoniales:

a) Comunidad de gananciales (lo que históricamente se conoce como “sociedad conyugal”):
de acuerdo a este régimen, todos aquellos bienes que hubiera adquirido cualquiera de los cónyuges después del matrimonio (salvo que tengan su origen en una herencia, un legado o una donación) se consideran gananciales, es decir que, al finalizar el matrimonio, a cada uno le corresponde el 50 % (para sí, o para sus herederos) sin que importe cuál de los dos lo aportó (con su trabajo, o como dividendo de su participación en una sociedad, o como renta de alquileres, etc).

b) Régimen de “separación de bienes” (novedad del nuevo Código Civil y Comercial):

todos los bienes son propios de quien los tiene inscriptos a su nombre, sea porque fueron anteriores al matrimonio, o porque se originaron con posterioridad.

2. La “legítima hereditaria”.

La legítima hereditaria es la parte que forzosamente corresponde a determinados herederos contemplados en el Código Civil y Comercial: los hijos, el cónyuge y los padres de la persona fallecida, en las proporciones y con el sistema de exclusiones que establece el mismo Código, a saber:

  • La “legítima hereditaria” de los hijos asciende a 2/3 del patrimonio de la persona fallecida.
  • La “legítima hereditaria” del cónyuge y de los padres de la persona fallecida asciende al 50 % del patrimonio.

La “legítima hereditaria” es un límite que no puede ser transgredido a través de ningún instrumento legal: ni un testamento, ni una donación, ni un fideicomiso, ni cualquier otro acto que, de haberse producido, dará un derecho a la persona afectada a ampararse en  su “legítima hereditaria” para que cualquier acto sea revisado judicialmente, a fin de proteger sus derechos.

3. Cómo se reparten los bienes

El viudo o viuda tiene derecho a una parte de la herencia de su cónyuge fallecido, bajo las siguientes condiciones:

  • Si el cónyuge fallecido tenía hijos, el viudo o viuda queda excluido de la herencia respecto del 50 % del difunto en el caso de un matrimonio regido por el régimen de comunidad de bienes gananciales, dado que queda íntegramente atribuido a los hijos. Es decir, que sólo tiene derecho a su 50 % ganancial, en tanto que el otro 50 % es sólo para los hijos.
  • Respecto de los demás bienes propios de la persona fallecida, o en el caso de que el matrimonio se rigiera por el régimen de separación de bienes, el cónyuge hereda en la misma proporción en que heredan los hijos. Es decir, que habiendo 1 hijo, la “legítima hereditaria” se reparte entre ese hijo y el cónyuge, habiendo 2 hijos se divide entre 3, habiendo 3 hijos se divide entre 4, y así sucesivamente.
  • En caso de que el cónyuge fallecido no hubiera tenido hijos, el cónyuge comparte la herencia con los padres de éste (si están vivos), en partes iguales.

4.- Convivencia sin matrimonio

Los convivientes que no están casados no tienen ningún derecho a una “legítima hereditaria”.

Por lo tanto, lo único que los convertiría en herederos, sería un testamento, y, en todo caso, podrían  acceder a una parte del patrimonio (la que no afecta la “legítima hereditaria” de padres e hijos) a través de un fideicomiso, o de una donación realizada en vida del conviviente.

En la práctica, esto significa que, en el caso de que el conviviente fallecido tuviera hijos, el beneficio para el otro conviviente no podrá superar nunca el 33,33 % del patrimonio (es decir, la tercera parte que es libremente disponible) y en caso de que no tuviera hijos, pero los padres vivieran, no podría superar el 50 % del patrimonio.

Si el conviviente fallecido no tiene padres vivos ni hijos, tiene plena libertad para disponer de la totalidad del patrimonio.
Pero, en cualquier caso, deberá hacerlo a través de algún instrumento legal (los ya mencionados testamento, donación, fideicomiso) dado que, de lo contrario, el conviviente no es llamado por la ley a la herencia de la persona fallecida.

Técnicamente, el conviviente no sólo no es un heredero forzoso (es decir, de aquellos protegidos por la “legítima hereditaria”) sino que tampoco es un “heredero legítimo”, es decir, que no figura en el orden de personas que van a ser llamadas para recibir la herencia.

5.- Pasos para la acción

Pueden ser tan importantes las consecuencias patrimoniales de la muerte de la pareja, que resulta necesario pensar cuál es la situación de cada uno, y cuál es la mejor manera de generar los mecanismos de protección o reparto del patrimonio.

No porque pensemos en morir mañana, sino para seguir viviendo con la mayor tranquilidad. 



CAPS Consultores: caps.com.ar- Director Leonardo Glikin
CAPS Empresa & Familia Consultores: caps-empresas.com.ar Protocolo Familiar CAPS Heredantes Consultores: caps-heredantes.com.ar CAPS Exiting Consultores - dejar la pyme: exiting.com.ar CAPS Parejas Consultores: caps-parejas.com.ar
 
Buenos Aires, República Argentina - Tel.: (54 11) 4371-3232 - comunicaciones@caps.com.ar